De vuelta al Off-road con la moto equivocada
Hubo un tiempo en que mi vida se medía en cronos, saltos y mangas de motocross. Estaba en un nivel avanzado, rozando ese escalón semiprofesional… hasta que las lesiones, las fracturas y los giros de la vida me obligaron a parar.
Llevo los últimos doce años metido en una oficina, cumpliendo horarios y repasando interminables cursos de seguridad laboral. Pero todos los días, bajo el neón del despacho, tengo el mismo sueño: volver a sentir la adrenalina de cruzar la moto derrapando a golpe de gas. Y aunque mis antiguas lesiones me recuerdan a veces que ya no tengo veinte años, sé que todavía me queda mucha guerra que dar en el campo.
Por eso nace Track68: un blog de aventura sin postureo. Mi intención no es solo contar mi historia, sino batallar contra los falsos conceptos de «aventura» que nos venden hoy en día. Para mí, la verdadera aventura no está en los catálogos, ni en las ayudas electrónicas, ni en las cilindradas de tres cifras. Es algo más simple: salir al campo, soltar las frustraciones de la semana en una trialera, competir en un rally sin tener ni idea de navegar, y llegar tan lejos como el cuerpo y la mecánica aguanten.
Para este proyecto, necesitaba una compañera de fatigas. Y fue aquí donde el mercado actual me dio un golpe de realidad.
Confesiones de un «Hondero» y el desencanto moderno
Tengo que confesar algo: me considero hondero de corazón. En mi garaje duerme una Honda Transalp 2024 que adoro por motor elástico y comodidad en carretera. Aunque luego de un par de salidas por tierra (y algunos cientos de euros en sensores dañados) me di cuenta que está lejos de ser la plataforma adecuada.
Antes de mi Transalp tuve una KTM 390 y una Tenere 700, pero siento que las motos trail actuales están diseñadas por equipos de marketing más que por pilotos. Son pesadas, torpes para el off-road técnico y vienen cargadas de sensores que se vuelven locos a la primera gota de barro. A mí, personalmente, me sobra todo eso.
Por eso decidí buscar otra cosa, más a la vieja escuela. Fue allí cuando encontré una vieja BMW G 650 XCountry del 2008. Un motor monocilíndrico Rotax que es un tanque, un chasis ligero y, sobre todo, cero pantallas TFT. Sin electrónica que te deje tirado en medio de la nada.
Ingenio frente a talonario: mis límites mecánicos
📌 Aquí hay una regla innegociable: mi presupuesto no es ilimitado.
Si el dinero no fuera un problema, iría a un concesionario, compraría una KTM 690 o una Husqvarna 701 y las llenaría de piezas «de catálogo». Pero yo quiero construir algo real, al alcance de la mayoría, donde el ingenio pese más que la cuenta bancaria.
Vayamos con la verdad por delante: sé pilotar, pero mis conocimientos mecánicos tienen un tope. Puedo cambiar suspensiones, ajustar la ergonomía y adaptar piezas, pero en el momento en que hay que abrir un motor… ahí cedo el testigo a los profesionales. Todo lo que sea «periferia» lo haré yo mismo. Aquí veréis la realidad, sin filtros ni atajos.
Domingo de Realidad: La primera toma de contacto
La teoría se cae en cuanto pisas tierra. El domingo pasado salí con la XCountry para ver de qué pasta estaba hecha. ¿El resultado? Una sonrisa de oreja a oreja por volver al campo… y una «lista negra» de mejoras que asusta:
- Suspensiones: Aunque tienen un buen potencial, el tacto es muy seco y me pasa factura rápido por las lesiones. Creo que es el punto más crítico (nunca he visto suspensiones buenas y baratas).
- Embrague: Nunca había utilizado una moto con un embrague tan malo como este. Según lo que he leído, es un fallo típico de este modelo, así que toca cambiar la tapa del embrague.
- Ergonomía: El asiento es pequeño e incómodo, la división piloto/pasajero está en el peor sitio posible. Es incomodo por carretera y fuera de ella.
- Protección aerodinámica: Nula. Los enlaces por carretera se van a hacer eternos.
- Autonomía: 9 litros de depósito. Vamos a vivir pegados a las gasolineras.
Bienvenidos a Track68
Esto no es un blog de reseñas de pago. Es un diario de aventuras, malas ideas e ingeniería de garaje de bajo presupuesto. Hoy el reto se llama BMW XCountry, una moto urbana que vamos a transformar en una máquina de rally optimizando cada euro. Mañana será otro viaje, otro concepto o cualquier chatarra que caiga en el taller con la que podamos demostrar que el ingenio vale más que la cartera. Track68 nace para revivir esa pureza de pilotaje que las marcas nos quieren quitar.
Habrá aciertos, habrá frustraciones y muchas noches de taller robadas al sueño. Pero os aseguro que va a valer la pena. En la próxima entrega empezamos con el primer frente abierto: la «lista negra» de la BMW y cómo vamos a solucionarlo.
Arrancamos. ¿Te vienes?
—Track68.
